
Tus ojos son mi conjuro contra una mala jornada, te quiero por tu mirada que mira y siembra futuro. Tu boca que es tuya y mia; tu boca rara vez se equivoca, te quiero por que tu boca sabe gritar rebeldía.

Su conciencia tranquila no trabaja, teme haber herido a cualquier ser querido, sin haberse percatado de la noción del tiempo; sus pensamientos pocos los comprenden, en su mente una imagen todas las noches la corrompe...
Me corroe no poder seguir escribiendo otra inútil línea de esta poesía sobre mi absurda vida...













Hoy es unos de esos días en los que solo me apetece vivir la noche, no llegar a casa hasta que me sangren los pies de bailar; hasta que no me canse de beber ni de fumar. Uno de esos días en los que quieres olvidarte de todo y desaparecer de este mundo un ratito. Porque en estas ocasiones, lo mejor es salir con los amigos y olvidarte de los problemas. Sí, hoy es un día en el que necesito una fiesta totalmente desenfrenada.
La mayoría pensamos que lo hecho, hecho esta, que no podemos cambiar nuestro destino por mucho que nos esforcemos y que aquellos que desafían a su destino siempre acaban decepcionados, pues el destino posee el modo de trazar su propio rumbo. Sin embargo antes de rendirnos al destino debemos tener en cuenta el poder del espíritu humano y la fuerza que entraña nuestro libre albedrío.
